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Cuando Francia cuenta lo que el Perú intenta ocultar.

La prensa peruana no pública la verdad y usa la libertad de prensa para mentir

Un artículo publicado en Francia hoy en el diario Le Monde sobre los primeros pasos del gobierno de Keiko Fujimori revela algo que debería preocuparnos profundamente: desde fuera del Perú se puede informar sobre nuestra realidad con mayor distancia, precisión y sentido crítico que desde buena parte de la propia prensa peruana.

Mientras un medio francés describe sin eufemismos las contradicciones, la lentitud, la improvisación y las dificultades del nuevo gobierno, en el Perú una parte importante de los medios parece más preocupada por construir relatos favorables al poder que por explicar lo que realmente está ocurriendo.

El problema no se limita al gobierno. Existe una convergencia de intereses entre el poder político, determinados grupos económicos y algunos sectores de la prensa que busca administrar la información y, con ella, el estado de ánimo de la sociedad. Se exageran ciertos hechos, se silencian otros, se desvían responsabilidades y se presentan como soluciones medidas que muchas veces no pasan de ser propaganda política.

El resultado es una ciudadanía confundida, desorientada y expuesta diariamente a una maquinaria informativa condicionada por intereses particulares.

Sin embargo, quienes gobiernan y quienes pretenden manipular la opinión pública parecen olvidar algo fundamental: el Perú real no vive en los estudios de televisión ni en los discursos oficiales. Tampoco en las redes sociales.

Está en los millones de peruanos que no llegan a fin de mes; en quienes sobreviven en la informalidad; en las familias golpeadas por la pobreza; en los trabajadores que padecen la inseguridad, la extorsión y la falta de oportunidades; y en quienes han perdido la confianza en instituciones que ya no representan sus esperanzas.

También está en las regiones olvidadas, en los servicios públicos deficientes, en los hospitales desbordados, en las escuelas abandonadas y en las comunidades que siguen esperando respuestas concretas mientras el poder se concentra en disputas políticas y estrategias de comunicación.

Cuando la precariedad se convierte en una forma de vida, la propaganda deja de ser suficiente. Ninguna campaña publicitaria puede ocultar indefinidamente el desempleo, la inseguridad, la corrupción, la desigualdad ni la ausencia de resultados. Por su parte, los voceros del gobierno piden a la población que les den tiempo, pero los peruanos de casaron de esperar hace ya largo tiempo.

Por eso resulta revelador que un medio extranjero pueda describir con mayor libertad aquello que buena parte de la prensa nacional evita enfrentar. La mirada francesa no necesita proteger al gobierno, a los grupos económicos ni a las estructuras de poder peruanas. Esa distancia le permite observar las contradicciones con mayor claridad y formular preguntas que aquí muchas veces son omitidas o suavizadas.

Y esa es precisamente la lección: el periodismo no debe convertirse en una extensión de las oficinas de prensa del poder. Su función no es maquillar la realidad ni proteger a los gobernantes de las consecuencias de sus decisiones, sino fiscalizar, investigar y ofrecer a la ciudadanía información verificable para que pueda formarse una opinión propia.

El gobierno de Keiko Fujimori destruye la democracia, maquilla resultados, fracasos y manipula las emociones de una población desesperada. Pero la democracia se defiende diciendo la verdad, garantizando la libertad de prensa y protegiendo el derecho ciudadano a estar informado.

El Perú necesita menos propaganda y más periodismo; menos manipulación y más información; menos intereses de poder y más respeto por una ciudadanía que tiene derecho a saber qué está ocurriendo realmente en su país.

También necesita medios capaces de cuestionar a todos los gobiernos, sin importar su signo político, y periodistas dispuestos a investigar incluso cuando sus conclusiones incomoden a los grupos más poderosos. La prensa no puede exigir credibilidad mientras renuncia a su independencia crítica.

Porque cuando los poderosos intentan controlar la realidad controlando el relato, tarde o temprano la realidad termina imponiéndose sobre el relato. Y cuando eso ocurre, ninguna campaña de comunicación, ningún titular complaciente ni ningún discurso oficial puede contener la indignación de una sociedad que ha sido ignorada durante demasiado tiempo.

Escribe: Hugo Otero Lanzarotti.

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