“Al arranque de la campaña electoral, se deben tener en cuenta cuatro elementos.
Primero. Uno de los problemas para quienes hacen campaña es no comprender la demografía electoral. No se trata de un electorado sin “memoria”, sino de uno que cambia de elección a elección. Un solo dato: a inicios de siglo, para las elecciones de 2001, éramos casi 15 millones de electores; hoy somos 27.5 millones. De estos, casi la mitad de quienes votarán este 12 de abril se encuentra en el rango de 18 a 39 años de edad. Es decir, hay temas, referencias, gobiernos, actores políticos y hechos -en su momento relevantes- que no formaron parte de experiencias comunes, pero frente a los cuales muchos candidatos envían mensajes como si lo hubieran sido. En otras palabras, no se considera la enorme desigualdad de públicos.
Segundo. De esa cantidad de electores -de los cuales cerca de un tercio vota en Lima-, cada vez vota menos gente. En 2001 participó el 82 % del electorado y, en 2021, la cifra se redujo al 70 %, pese a tratarse de un país con voto obligatorio. Estas cifras responden a factores que van más allá de la política: migración externa e interna sin cambio domiciliario, fallecidos no declarados, distancia considerable entre la residencia y el local de votación, situaciones que imposibilitan votar -como problemas de salud, viajes o trabajo el día de la elección- y mayores de setenta años, cuyo voto se vuelve facultativo. Los estrategas de campaña -y quizá algunas encuestas- no suelen incorporar este factor, que puede resultar determinante.
Tercero. La alta cantidad de candidatos y partidos -la mayor de nuestra historia- es la forma más visible del fraccionamiento electoral. Si en 2001 los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta (Alejandro Toledo y Alan García) sumaron el 62.3 % de los votos, en 2021 los dos más votados (Pedro Castillo y Keiko Fujimori) apenas alcanzaron el 32.3 %. Además, la candidata de Fuerza Popular pasó de obtener la mayor votación en una primera vuelta de este siglo -39.6 % en 2016- a registrar, cinco años después, el porcentaje más bajo, con 13.4 %. En un escenario con 36 candidatos presidenciales, donde la intención de voto no supera el 10 % y el elector es indeciso y voluble, cualquiera puede pasar a la segunda vuelta.
Cuarto. La proliferación de partidos y candidaturas, producto -entre otras razones- de una legislación defectuosa aprobada por este Congreso, conducirá a confusión. Un elector que quiera participar en todas las votaciones simultáneas deberá marcar cinco símbolos y emitir siete votos preferenciales, lo que hará crecer el voto blanco o nulo. Ya en 2021, la suma de ambos alcanzó cerca de un tercio del total para el Congreso.
En un país de alta incertidumbre, estos elementos pueden inclinar un triunfo o precipitar un fracaso”
Fuente: Fernando Tuesta Soldevilla – Especialista en temas electorales.
