Flavio Bolsonaro cometió uno de los errores estratégicos más evidentes del debate: atacar a Lula llamándole “nueve dedos”.
Quiso convertir una discapacidad en burla y terminó recordando a millones de brasileños de dónde viene Lula.
Porque ese dedo no lo perdió en un despacho. Lo perdió trabajando. Con 17 años. Como obrero metalúrgico.
Y, de repente, el debate dejó de ser solo una discusión entre dos candidatos.
Se convirtió en el contraste entre dos biografías.
Lula aprovechó el ataque para hablar del mundo del trabajo, de los accidentes laborales, de su origen y de su experiencia como trabajador. Y lanzó contra Flávio Bolsonaro, una acusación especialmente dura: que “nunca trabajó en la vida” y que no sabe lo que significa una cartera de trabajo. Flávio acabó pidiendo disculpas. (UOL Noticias)
Ahí está la enorme lección de comunicación política:
Nunca ataques a tu adversario en el lugar donde su herida puede convertirse en su mayor fortaleza.
Flávio Bolsonaro, quiso señalar un dedo que falta.
Y Lula consiguió que durante unos minutos se hablara de las manos que trabajan.
En política, como en liderazgo, la biografía importa. Y a veces una cicatriz cuenta mucho más que mil discursos.
