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Más importante que los votos, es quien cuenta los votos

Señala con preocupación diputado de la bancada de Renovación Popular Javier Cipriiani Thorne.

En medio de este nuevo suspenso al que nos somete la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), tras las elecciones regionales y municipales del domingo 4 de octubre 2026, el diputado Javier Cipriani Thorne comenta que no podemos pretender tener elecciones modernas utilizando procedimientos del pasado.

Sostiene que votar puede tomarnos apenas unos minutos; conocer con claridad qué decidió un país no debería tomarnos semanas. Porque al final siempre queda dando vueltas aquella vieja e incómoda frase: “Más importante que los votos, es quien cuenta los votos”.

En el Perú ya nos hemos acostumbrado a algo que no debería ser normal. Vamos a votar un domingo, cierran las mesas y comienza una espera que puede extenderse durante días y mucho más hasta tener resultados definitivos. Estamos en 2026, podemos hacer una transferencia bancaria en segundos, pagar desde un celular, identificarnos con nuestra huella y enviar información al otro lado del mundo prácticamente al instante. Entonces, resulta difícil entender que todavía tengamos un sistema electoral que demora tanto en darle certezas al país. La pregunta es sencilla: ¿nuestras instituciones electorales están avanzando al mismo ritmo que la tecnología?

Señala que solo tenemos que mirar lo que ocurre en otros países de la región. Brasil acaba de celebrar sus elecciones generales el pasado 4 de octubre. La totalización comenzó a las cinco de la tarde y a las 00:11 del día siguiente ya se había contabilizado el 99,99 % de las urnas para la elección presidencial. Estamos hablando de más de 125 millones de votos válidos procesados en cuestión de horas. Chile también nos deja un ejemplo reciente. En su segunda vuelta presidencial de diciembre de 2025, a las 7:30 de la noche ya tenía más del 57 % de las mesas escrutadas y una tendencia clara. Por supuesto, después existen procedimientos legales antes de llegar a los resultados definitivos. Pero una cosa es cumplir esos procedimientos y otra mantener a un país durante días esperando saber con claridad qué decidió la mayoría.

No digo que una demora signifique fraude, porque sería irresponsable afirmarlo. Pero mientras más demora existe, más espacio dejamos para las dudas, rumores y cuestionamientos. La confianza en una elección no puede depender solamente de que una autoridad nos diga que debemos confiar. También se construye mostrando información rápidamente, permitiendo fiscalizarla y haciendo que cualquier ciudadano pueda entender qué ocurrió con su voto. Si países con electorados mucho más grandes pueden hacerlo en cuestión de horas, tenemos derecho a preguntarnos por qué nosotros no podemos avanzar hacia algo similar.

La ONPE ya viene incorporando herramientas tecnológicas para reducir errores y acelerar la transmisión de resultados. Eso demuestra que el camino existe, pero debemos avanzar mucho más. La ONPE y el JNE administran algo demasiado importante: la voluntad popular. Necesitamos tecnología, pero también fiscalización, seguridad y transparencia. Que los partidos puedan controlar, los personeros verificar y los ciudadanos acceder fácilmente a la información. Modernizar nuestro sistema electoral no significa reemplazar controles por computadoras, sino utilizar la tecnología para hacer esos controles más rápidos y transparentes.

JA/

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