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Un perseguido de la Derecha.

Soy un agradecido con la vida. Todo lo que he vivido ha sido un regalo de la vida misma, pese a todas las cagadas que algunas veces nos mandamos. Aprovecho y pido disculpas por las veces que no he estado a la altura.

Cuando mi música empezó a ser reconocida en Argentina por el mensaje de mis letras, me comprometí con la gente:

“Yo les prometo que voy a ser la voz de ustedes».

Con el pasar de los años, esa promesa se empezó a extender por toda América Latina, haciendo de las canciones generosos gritos de valentía y cambio, en busca de que cada día, cada uno de nosotros sea un mejor ser humano.

Porque mi promesa trasciende lo musical y busca una transformación social, en donde todos, sin importar de dónde seamos, podamos vivir en paz bajo un abrazo solidario.

Yo soy un hombre común, con buenas intenciones, ese es el legado más allá de la música, con el que quiero ser recordado.

Hablar de Venezuela es muy difícil, son historias pesadas… Lo que espero y lo que sería muy bueno, es que todos nos demos un abrazo de fraternidad.

Para llevar en canciones el mensaje del pueblo, se necesita una gran valentía. Como muchos artistas y argentinos en general, en 1976 debí salir de mi país y vivir en el exilio hasta 1981, año en que estaba finalizando la dictadura, y decidí volver a mi tierra. El exilio fue un momento muy difícil en mi vida, pero también haber vivido eso me permitió seguir adelante con mi música, y sentir aún más el cariño del pueblo.

Latinoamérica unida tiene fuerza natural, la alegría no es delito, ni la paz calamidad.

Hoy en día, aunque los artistas reflexionan de diferente forma la vida, siempre hay algunos tapados que entienden los verdaderos cambios que pueden ayudar a lograr. En ese camino de la música, me acompaña mi hija Fiorella de Benedictis —a quien defino como una «ternura social»—, con la cual sacamos un EP en 2024 titulado Lo mismo que vos.

Durante mis 60 años de trayectoria he tenido muchísimos momentos felices, pero recuerdo con gran aprecio el Latín Grammy a la Excelencia Musical recibido en 2016, y sobre todo, las luchas sociales en donde estuve presente, acompañando al pueblo.

Entre tantos recuerdos, uno inolvidable fue aquel concierto en 1993 en el estadio El Campín de Bogotá junto a mi querido Pablo Milanés. Simplemente algo inolvidable y hermoso.

Recuerdo que me lo pasaron al teléfono a Pablo, boludeando y boludeando, empezó a surgir la idea del concierto juntos en El Campín. Justamente ayer lo estaba viendo y recordando, fue hermoso de verdad. Duramos cinco horas tocando.

A lo largo del camino han quedado canciones como “Si vos te vas, Soy pan, soy paz, soy más”, “Los americanos” y “Llegando, llegaste”. Pero hay dos producciones que merecen un punto aparte.

Primero, el disco para niños llamado “Sinfonía inconclusa en la mar”, lanzado en 1973, que hasta hoy en día es mi disco más vendido: es una obra que, más que hacerme sentir orgulloso, trascendió, y deja un bonito mensaje para los niños. Y la segunda, “Mi viejo”, escrita por José Tcherkaski: una manera de agradecer. Todo lo que ocurrió alrededor de la canción nunca termina de asombrarnos.

Latinoamérica unida tiene fuerza natural, la alegría no es delito, ni la paz calamidad. Ese es el mensaje en el cual pongo gran énfasis, y quiero que lo escuche toda la región, porque a mis 80 años, todavía pongo un pie al frente, y lucho de manera amable y tierna por una Latinoamérica unida en la solidaridad, una Latinoamérica en paz.

Escribe: Piero

Fuente: “Piero es pan, es paz, es más… es Latinoamérica”. Rolling Stone Magazine, 1 de octubre de 2025

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