A pocas semanas de las elecciones regionales y municipales, la campaña discute candidatos, encuestas, propuestas. Hay, sin embargo, un problema que afecta todos los días a los limeños y que no aparece en el debate: Lima tiene 43 gobiernos municipales.
No son 43 oficinas de una misma administración. Son 43 gobiernos locales, con alcaldes y concejos elegidos, presupuestos propios y autonomía política. Una municipalidad metropolitana y 42 municipalidades distritales.
La diferencia se siente en la vida cotidiana. Tomemos como ejemplo la limpieza pública. Lima no tiene un sistema unificado: cada distrito organiza su propio servicio, con sus contratos, administradores y recursos. Puede ocurrir que una calle esté limpia y, apenas se cruza el límite, la situación sea distinta. La basura, sin embargo, no reconoce fronteras distritales.
Lo mismo sucede con el transporte, la seguridad, las vías, el desarrollo urbano, la vivienda y el medio ambiente. Lima funciona como una ciudad integrada. Sus habitantes cruzan diariamente varios distritos. Los problemas también lo hacen. El diseño institucional, en cambio, mantiene 43 centros de decisión política
Hay otra consecuencia. Las municipalidades son autónomas y sus autoridades son elegidas separadamente. En una elección puede ganar un partido la Municipalidad Metropolitana y otros partidos las municipalidades distritales. La coordinación, entonces, ocurre entre gobiernos con intereses políticos distintos. Cuando existe coincidencia puede ser más sencilla, pero cuando hay competencia, puede aparecer la tensión y el conflicto.
Esto contrasta con otras grandes ciudades. Buenos Aires tiene comunas, São Paulo subprefecturas y Bogotá localidades. Son divisiones territoriales que acercan la administración al ciudadano, pero no constituyen gobiernos municipales autónomos dentro de una misma ciudad. La división territorial sirve para administrar mejor, mientras la conducción política permanece integrada.
Lima podría hacer lo mismo. Una gran ciudad necesita un gobierno de ciudad y, al mismo tiempo, una administración cercana a sus barrios. No hay contradicción entre ambas cosas. Lo difícil de justificar es que cada unidad territorial tenga su propio gobierno autónomo cuando los problemas desbordan permanentemente sus fronteras.
Esta discusión no existe en la campaña. A seis semanas de elegir alcaldes, ningún candidato parece plantearse qué significa gobernar una ciudad de más de diez millones de habitantes con 43 gobiernos locales. Mientras sigamos eligiendo alcaldes por separado, Lima mantendrá una paradoja: una sola ciudad, pero 43 gobiernos para administrarla.
Escribe: Fernando Tuesta Soldevilla – Politólogo
