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Vizcarra se marca solo

“Este gobierno ha dado muestras esta semana de ser el campeón del autogol y la huacha inferida contra sí mismo”.

A su ya comprobada mediocridad gestora el gobierno le suma un nuevo pasivo, el de la falta de entereza política para sostener decisiones y respaldar personas de su entorno. Al final del día, el gobierno ha podido resolver rápidamente la última crisis al haber efectuado una poda ministerial, pero no puede olvidarse que la crisis la generó él mismo.

La comedia de errores suscitada alrededor de las reuniones sostenidas con funcionarios de Odebrecht es entera responsabilidad de un presidente que estaba perfectamente enterado de lo que sucedía (si no lo estaba, el mandatario quedaría en una situación aún más desairada).

Lo que llama la atención es cómo el mismo régimen que fue capaz de hacer que el país digiera el acuerdo de colaboración eficaz o el desembolso de Chaglla, explicando ambos con transparencia a la ciudadanía y aquilatando sus beneficios (cosa que la opinión pública mayoritaria avaló), no ha tenido la pericia de hacerlo con un tema menos tóxico, como el de realizar justificadas gestiones para evitarle al país una demanda multimillonaria ante el CIADI.

Es radioactivo reunirse con Odebrecht, sin duda. Pero es menester hacerlo. Está en curso un proceso de colaboración eficaz y resta aún mucha información por dar. Al cabo, luego sobrevendrán los juicios orales donde se deberá ratificar lo dicho hasta el momento. En esa medida, no hay nada de malo en desplegar tratativas y negociaciones.

Porque sí era incorrecto reunirse con Odebrecht, pues apenas se enteró el presidente debió cortar con esa trama y sancionar a los responsables por su infeliz iniciativa, sin esperar a los periodicazos. Pero si no estaba mal, entonces no se entiende por qué ha descabezado un tercio de su gabinete por haber hecho algo que era pertinente.

Entre dichos y desdichos, afirmaciones y desmentidos, tropiezos explicativos y discreciones injustificadas, el gobierno finalmente ha salido de la crisis, pero ha perdido una batalla política frente a los viudos del fujiaprismo, quienes se hallan febrilmente empeñados en demostrar que todo el proceso judicial Lava Jato -que como nunca en nuestra historia está procesando a los intocables de antaño- está viciado de corrupción. Ellos son los ganadores simbólicos de esta crisis.

El atolondramiento presidencial solo abona en favor de la peregrina y delirante hipótesis de los deudos del establishment político y empresarial corrupto que ha caído por este caso. Les hace el juego. Felizmente, los fiscales y jueces que conducen el proceso no dependen de la voluntad política de un presidente confundido.

Vizcarra ha perdido la brújula luego del referéndum y la disolución del Congreso, y a su mala gestión administrativa ahora le suma torpeza política y debilidad. El presidente no solo parece estar todo el día en redes sociales haciendo suyo enteramente el punto de vista sesgado que estas tienen, sino, lo que es peor, parece dejarse atarantar por las habituales e histéricas alharacas virtuales.

En el argot escolar de antaño, al jugador de fútbol o fulbito que, prisionero de su torpeza, se saboteaba él mismo, enredándose con el balón y favoreciendo al rival, se le endilgaba la invectiva de que se marcaba solo. Este gobierno ha dado muestras esta semana de ser el campeón del autogol y la huacha inferida contra sí mismo.

Escribe: Juan Carlos Tafur – La República

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