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Sudamérica apuesta más contra Perú que a favor de Chile, por Luis Burranca

Sí, quizás esta es posiblemente la columna con más rabia que he escrito en mi vida, al punto de hacer sentir a quien escribe estos párrafos como una víctima. Sin embargo, el realismo nos pone un duro desafío este miércoles, cuando la Selección Peruana enfrente a Chile en una nueva edición del Clásico del Pacífico por las semifinales de la Copa América 2019.

Un partido en donde el conjunto sureño es superior en absolutamente todas las líneas y tiene motivos para poder salir sonriendo esta mitad de semana en el Arena Do Gremio de Porto Alegre. Aun así, la bronca me nace por el hecho de que a veces no logramos captar el punto medio entre la objetividad y el exceso de estas. Sí, la objetividad, por más imparcialidad que suene esa palabra, también tiene sus excesos.

Por aquí, en tierras del inca, el sentimiento es el de nuestra final adelantada; mientras que por tierras sureñas no. El mismo Arturo Vidal lo dejó entrever ayer en conferencia de prensa: “No hay rivalidad”, dijo fríamente el controvertido volante del Barcelona, quien pareciera que tiene la cabeza más puesta en Brasil o Argentina que en el duelo del miércoles. Miguel Trauco, por otro lado, en su conferencia de prensa, no dejó inhibidas sus ganas de tener al frente a Chile: “Es un Clásico”, dijo el lateral del Flamengo.

A lo largo de los últimos años, nuestra historia, a pesar de haber conseguido cosas históricas como la clasificación al Mundial después de 36 años, aún no ha perforado del todo siquiera la superficie del iceberg. El sentido de triunfalismo nos jugó una mala pasada y terminamos pagando el precio más de una vez, tanto dentro como fuera de la cancha y eso tuvo su cereza de pastel durante el sábado 22 en aquella no-memorable caída por 5-0 ante la local Brasil en Sao Paulo. Chile no la vive de esa forma.

Y es que el rival a vencer este miércoles, mantiene todavía ese estilo de trabajo continuo a pesar del episodio negro que tuvo que atravesar por todo un año sufriendo con la no clasificación a la Copa del Mundo de Rusia 2018. Y me atrevo a decir que hasta ahora hay medios que acreditan que la ‘roja’ tenía más argumentos deportivos para dar pelea en la cita mundialista que la ‘blanquirroja’ y que nuestra selección era más de mística y fe que de trabajo.

Motivos no faltan. Nuestro crack es la estrella del Inter de Porto Alegre, mientras que el suyo hace diabluras con Messi, Suárez y compañía en el Barcelona. Nosotros no tenemos un jugador en un club A1 de la Premier League (lo tuvimos, aunque optó por irse a Arabia). Ellos tienen a Alexis Sánchez en el Arsenal. En la jerarquía, tanto ellos como cualquiera de los que están disputando las semifinales nos dan la hora.

Y todas estas cosas lo saben alrededor del mundo. ¡No hay absolutamente un solo medio internacional que hable o se precipite con una Selección Peruana en el Maracaná como se vienen precipitando con Chile! Más hablan del lamento uruguayo y los errores de Tabárez en los cambios o en los 3 goles anulados por el VAR que en la superioridad cerebral de Gareca que forzó a los penales o el gran partido que se metió Carlos Zambrano, quien en mi humilde opinión es el mejor de Perú en la Copa hasta ahora. ¿Por qué es eso? Porque Perú es una selección de corazón que de trabajo futbolístico (con todo respeto al gran trabajo del tigre en 4 años).

Los cuestionamientos tienen que ser nuestra principal arma. Si lo fueron ante Uruguay y se lo pudimos llevar hasta los penales para dejar afuera a uno de los favoritos, ¿Por qué no hacerlo ante Chile? Que diga lo que quiera el resto, somos conscientes de que apuestan más por nuestra supuesta estrepitosa caída que por la victoria chilena este miércoles. Nosotros ya nos lavamos la cara contra Uruguay y ya es hora de ponernos el astringente contra los sureños. O cambiamos la historia o no la cambiamos nunca

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