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Productividad empresarial crece si se invierte en salud mental de trabajadores

Países desarrollados tienen programas orientados en esa línea

La productividad de una empresa podría crecer significativamente si se invierte en la salud mental o emocional de los trabajadores, de forma permanente, y mejor si se hace a diario.

Así lo sostuvo Fátima Fernández del Departamento de Rehabilitación del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado – Hideyo Noguchi» agregando que dicha inversión no tiene por qué ser costosa.

“Es importante que las empresas sepan que la productividad se incrementa solo cuando el trabajador se siente bien. En muchos países, como Canadá o Japón se tiene una hora diaria para el auto cuidado de los trabajadores, con lo cual se estaría previniendo problemas de salud mental y personal en general”.

La experta puso como ejemplos de autocuidado la gimnasia laboral, la meditación, la conversación, la risa y el buen humor.

“Eso ayuda a relajarnos. Las emociones se vuelven más positivas, más agradables y nos volvemos de alguna forma mejor vinculados, tenemos un mismo fin y meta. No solo en el hogar, sino también a nivel de nuestro propio trabajo”.

La mejora del clima laboral dijo, permite que los trabajadores se sientan mejor, tengan menos tensión y puedan rendir más, detectando tempranamente algún problema emocional que impida su desenvolvimiento habitual o genere discapacidad.

“Es importante decir que todas las personas tenemos habilidades y limitaciones, las cuales puede modificarse en el tiempo tengas o no un trastorno mental”.

Matemáticos y abogados

Fernández manifestó que por el Departamento de Rehabilitación al que pertenece han pasado diversos profesionales -como matemáticos, abogados, entre otros – que por diversos problemas de salud mental han visto disminuida su capacidad laboral.

“Son variados los factores de riesgo que pueden ocasionar esto. Eventos muy dolorosos que rompen la barrera de adaptación de un ser humano y finalmente afectan nuestra salud mental. Ahora mismo trabajamos más de 10 o 15 horas diarias. Las personas están perdiendo la capacidad de vincularse”.

Advirtió que la población está empezando a ver como normal un carácter un poco explosivo, a la par de perder la capacidad de notar el sufrimiento en personas distintas al común denominador, como las tímidas. «Así se rompen las barreras de adaptación y aparece la enfermedad, el trastorno mental».

¿Mental o físico?

Al respecto, la doctora Rocío Ramírez, jefa del Departamento de Rehabilitación del Instituto de Salud Mental, comentó que de manera permanente se olvida que las enfermedades mentales son como las de tipo físico.

“Felizmente, nuestra sociedad está empezando a entender que las personas no van a estar 100% felices todo el tiempo y que de pronto hay personas que no pueden dormir, que tienen mucho estrés y que eso las puede enfermar”.

La buena noticia, indicó, es que las personas con problema de salud mental, incluso tan graves como la esquizofrenia paranoide, pueden recibir tratamiento para ser productivas y sentirse útiles a la sociedad y a su familia.

“Ante la pregunta de si una persona con trastorno mental puede trabajar, la respuesta es sí. Desgraciadamente, los trastornos de salud metal que se dan en el ambiente laboral pueden crear una situación de prejuicios en la comunidad que no ayudan a que las personas busquen ayuda”.

Detalló que el servicio de rehabilitación trabaja con un equipo multidisciplinario (médicos, psicólogos, enfermeras, técnicos de enfermería, tecnólogos médicos en terapia física y ocupacional, educadora y trabajadora social) para ayudar al paciente en su proceso de recuperación, que debe verse como un derecho.

Cuatro fases

El proceso tiene cuatro fases. La primera se encarga de mejorar la capacidad funcional del propio individuo, aprender a conocer sobre la enfermedad y cómo la participación de la familia contribuye en la rehabilitación.

La fase dos trabaja en cómo el paciente puede mejorar sus habilidades sociales y las actividades diarias, entre otros, que le preparan para integrarse en su comunidad.

La fase tres corresponde a la parte pre laboral y la fase cuatro tiene como objetivo la inserción/reinserción laboral a través del seguimiento socio productivo.

La doctora manifestó que es fundamental aprender a aceptar que somo seres humanos, imperfectos, y que podemos tener también una enfermedad mental.

“Es necesario darse cuenta cuando las cosas no van a bien y no tener miedo de pedir ayuda y recibir tratamiento, que no siempre es farmacológico”, precisó.

Fuente: Andina

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