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Pobres y anémicos

La anemia infantil se incrementó en el ‘gobierno de la inclusión’ y el ‘gobierno de lujo’ no hizo nada por cambiar esta realidad

La noticia de que la tasa de pobreza se elevó en el Perú en el último año nos ha golpeado. Es inevitable pensar en todo lo que hemos dejado de hacer para que esto ocurra y en lo que hemos contribuido para alimentar esta situación.

Si bien las cifras se pueden interpretar de distintas formas, son objetivas. Según la Encuesta Nacional de Hogares, la tasa de pobreza se elevó un punto porcentual el año pasado; es decir, pasó de 20,7% a 21,7%. Esto significa que 375 mil peruanos son ahora pobres y forman parte de los 6 millones 900 mil pobres del país. Y Lima tiene ahora 180 mil nuevos pobres.

Según información publicada en este Diario, el rebrote de la pobreza coincide con un año en que la economía peruana anotó su menor tasa de crecimiento: 2,5%. Sin embargo, en el 2009 y en el 2014, la actividad económica mostró un dinamismo incluso más débil y aun así se continuó con la disminución de la pobreza.

Tras conocerse estas nuevas cifras, cada quien ha salido a culpar al otro del desastre. El último ministro de Economía del humalismo, Alonso Segura, intentó vanamente pontificar sobre el asunto, y Pedro Cateriano, ex primer ministro de Humala, culpó al “obstruccionismo” parlamentario actual de este aumento de pobreza. ¿Mea culpa? Esa palabra no existe en su vocabulario.

Sin ser economista, me atrevo a afirmar que el aumento de la pobreza no puede producirse de la noche a la mañana, sino que es un proceso que se va incubando, ¿o no?

Imposible olvidar que en el 2011 se creó el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), precisamente, para incluir a los más necesitados en un gobierno que creyó que incluir era la condición para crecer. Siete años después de ese proyecto gestado en la campaña presidencial de los Humala-Heredia, no solo vemos que la pobreza ha crecido, sino también que los niveles de anemia aumentaron durante su gestión.

Las cifras otra vez: en junio del 2007, la tasa de anemia en niños entre los 6 y 35 meses era de 56%. En el 2011, 41,6%. En el 2016, 43,6%. Y en el 2017, 43,6%.

La anemia infantil se incrementó en el “gobierno de la inclusión” y el “gobierno de lujo” no hizo nada por cambiar esta realidad. El presupuesto del Programa Articulado Nutricional (PAN) en el 2017 fue de 1,983 millones de soles, este año es de 1,956 millones de soles.

Como las cifras lo demuestran, las prioridades de los gobernantes de los últimos años han estado absolutamente desenfocadas: la corrupción les ha robado la salud a nuestros niños, nos hemos perdido en las hojas de vida de los congresistas, en chillar porque a sus candidatos favoritos les piden tres años de militancia partidaria para postular.

Tenemos niños anémicos, pero las autoridades del sector Educación están más preocupadas en implementar la ideología de género en los currículos escolares.

Nos rasgamos las vestiduras por “el futuro de nuestros niños” y “el país que les dejaremos a nuestros hijos”, pero nadie levanta la voz en el Congreso cuando se recortan recursos al programa de lucha contra la anemia.

¡Dejémonos de hipocresías! Y que los gobernantes de todos los niveles –nacional, regional y local– sinceren sus agendas y empecemos a trabajar porque una sola cosa es importante.

Fuente: El Comercio / Diana Seminario

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