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Los distritos binominales para Lima Metropolitana

En el Senado, la capital se vería altamente perjudicada

Según la propuesta de reforma política planteada por el Poder Ejecutivo, la ciudad de Lima contaría con siete distritos binominales para elegir diputados y un distrito electoral metropolitano para elegir senadores.

En la propuesta fundamentada por el viceministro de Gobernanza Territorial, Raúl Molina, nuestra ciudad, incluyendo el Callao, tendría entre 12 a 14 diputados. Pero no ha precisado qué cantidad de senadores le correspondería a la jurisdicción, que ostenta casi un tercio del electorado nacional; aunque preocupa la afirmación enfática de que Lima tendría menos representantes que en la actualidad, según una entrevista publicada por el diario El Comercio el pasado domingo 26 de agosto.

La implantación de los distritos binominales tendría como hecho positivo que la representación ante la cámara baja guarde correspondencia con las nuevas identidades surgidas en la capital, tanto en Lima Norte, Lima Este, San Juan de Lurigancho, Lima Sur, Lima Centro, el Centro Histórico y el Callao, lo cual generaría una mayor cercanía entre electores y representantes. Pero si esa propuesta no se relaciona con una representación de por lo menos 20 senadores en el distrito electoral metropolitano, la ciudad de Lima se vería altamente perjudicada, algo inaceptable.

La causa de este perjuicio para la ciudad de Lima radicaría, según el propio viceministro Molina, en la intención de que otras regiones del país cuenten con una mejor representación. Se pone como ejemplo que la ciudad de Cajamarca sería dividida en dos distritos electorales (Cajamarca Norte y Cajamarca Sur), y que ocurriría lo mismo en regiones como Ayacucho y San Martín, entre otras. Esta pretendida distribución de escaños parte de un error garrafal. Busca que la cámara de diputados cuente solo con 100 diputados y que el Senado solo cuente con 30; es decir, no un Senado sino un “cenáculo”, único en su especie en el mundo, como hemos señalado en un artículo anterior. Es obvio que, si la Cámara de Senadores tiene solo 30 senadores, la ciudad de Lima y otros macro distritos electorales del interior del país se verían altamente perjudicados.

Molina se preocupa, con razón, de mejorar la representación de otras regiones, pero olvida que, en Lima, sin tener en cuenta el Callao, los 36 parlamentarios tienen residencia en cuatro distritos mesocráticos tradicionales, y solo un representante reside en lo que antes llamábamos “los conos populares”. No se trata, por tanto, de desvestir un santo para vestir a otro, sino de tener la valentía y convicción de abordar uno de los problemas centrales de nuestro régimen político: en el parlamento peruano hay una subrepresentación, en comparación con otros países del mundo y la región latinoamericana. La cámara de diputados debería tener por lo menos 120 diputados y la de senadores 60, con lo cual habría una representación más justa y simétrica.

Por otro lado, la propuesta de crear el distrito electoral metropolitano para elegir senadores, incluyendo el Callao, parece plausible y es funcional a la entidad capitalina, que muestra una conurbación entre la ciudad y la jurisdicción del puerto; pero es muy difícil de implementar en el caso del interior del país, donde se crearían macro distritos electorales. Otra vez, la reducida cantidad de 30 senadores que propone el Ejecutivo llevaría a unificaciones arbitrarias con jurisdicciones electorales con escasa o nula identidad. No olvidemos que, durante el gobierno de Alejandro Toledo, cuando se sometió a consulta la creación de macrorregiones fue masivamente rechazada, por su enfoque arbitrario y centralista.

Cobra por ello mayor racionalidad la propuesta que el Senado de la República sea elegido en distrito único nacional, con el propósito de fortalecer los partidos y crear corrientes de opinión nacional en torno a las políticas públicas que deben tener resonancia en el Congreso. La cláusula de oro para evitar la sobrerrepresentación de unas regiones sobre otras, consistiría en establecer que obligatoriamente, en la lista cerrada a elegirse (lo cual implica que el voto preferencial no operaria para la elección de la cámara alta), los partidos o alianzas electorales deberían presentar obligatoriamente en sus listas por lo menos uno o dos candidatos a senador por cada región actual.

Pero eso solo será posible si el Senado cuenta, por lo menos, con 60 representantes. Cantidad que tenía cuando esta cámara alta fue clausurada el año 1992.

Escribe: Neptalí Carpio Soto – periodista

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