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La política peruana ha tocado fondo hace décadas

La corrupción nos gobierna con descaro e ignominia. Somos amargos testigos que la corrupción se ha hecho cada vez más fuerte. Hasta ser una institución fáctica.

Nuestra (s) historia (s) es una tragedia. Desde los municipios más alejados hasta ministerios, Congreso, Ejecutivo, Poder Judicial, Fiscalía. El Estado en general está corrupto. Nuestra pobre y desprestigiada clase política -de derecha e izquierda, y viceversa- nos han convertido en un país donde los antivalores son la norma.

Con descaro, y desafiantes, nos roban en nuestras narices. Se burlan de nuestra indignación. Nos refriegan sus hipocresías todos los días. Sus torvas miradas nos desafían. “Vamos a investigar exhaustivamente. Caiga quién caiga. Le caerá todo el peso de la ley”, dicen.

Dicen. Y no hay -nunca- justicia. Se impone la impunidad. Alan García, Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski, nuestros máximos representantes manchados por denuncias de corrupción. Una vergüenza nacional. Mundial. Estos desalmados han condenado a nuestras generaciones a pensar erróneamente que para tener ´éxito´ el camino más fácil es vulnerar la ley.

Exijamos como sociedad civil un cambio radical -siempre en el marco democrático y la legalidad- de la política y el accionar de los políticos. A la anticuada, perversa, corrompida y lesiva política peruana es hora de decirle hasta aquí llegaste. Seamos activos vigilantes de la legalidad. Ya vivimos la triste época de los #Vladivideos. Ahora reeditamos la historia con los #KenjiVideos. Es nuestro deber ciudadano devolverle al Perú su condición de República Constitucional.

Escribe: Ademir Espíritu – periodista

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