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La maldad de los precios bajos

“El gobierno no tiene la función de beneficiar a grupos específicos. El gobierno no es de los productores de papa”.

La protesta se debe a que los precios bajaron. Los dirigentes culpaban a los importadores del producto. De hecho, uno de los acuerdos con el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri) es revisar la política arancelaria de importación de papa frita y precocida.

Los agricultores sostienen que las importaciones han desplazado a la producción nacional. Creen que eso ha hecho bajar su precio y que por la misma razón tienen stocks de papa sobrantes.

El Minagri no puede revisar los aranceles. Esa es una función del Ministerio de Economía y Finanzas. La política arancelaria no puede depender de los altibajos del mercado.

Los confeccionistas nacionales serían felices si el gobierno decide aplicar sobretasas a las confecciones importadas. Podrían aumentar sus precios y serían felices.

El gobierno no tiene la función de beneficiar a grupos específicos. El gobierno no es de los confeccionistas, como tampoco es de los productores de papa.

Solo una visión paternalista del Estado puede suponer que el gobierno tiene el encargo de “ayudar” a un grupo especial, los agricultores. Solo un gobierno enemigo de la economía cree que debe compensar la baja de precios porque en ella hay algún tipo de maldad.

Una baja de precios nos beneficia a todos. Entonces, cuando tenemos la suerte de que bajen los precios, ¿debe el gobierno evitarlo?

Cuando los consumidores pagamos menos por los productos, se produce una economía. El progreso de un país está hecho de la suma de esas pequeñas economías.

Normalmente los consumidores pagamos el alza de precios. Lo sufrimos. La teoría dice que, si aumenta la oferta, bajará el precio. ¡Y funciona!

Con la papa ha sucedido este milagro. Los precios han bajado porque hubo mucha oferta de papa.

Los consumidores podemos disfrutar de una baja en los precios; pero, justo en este momento, ¿quiere el gobierno poner costos y cargas?

Las importaciones, además, no tienen nada que ver con el exceso de producción o la baja de precios. La importación equivale a menos del 1% de la producción nacional.

Se importa papa preparada y prefrita para las pollerías, sobre todo las de cadenas y locales en supermercados. Esa papa no se tiene que lavar y pelar, y se puede almacenar y distribuir a menores costos.

La importación de papa preparada y prefrita beneficia al consumidor y al país, porque también permite hacer economías. El 80% de las pollerías son pequeñas y utiliza papa nacional, lavada y pelada localmente.

Ojalá cada vez más pollerías puedan usar más papa barata. Ojalá, por supuesto, pudiéramos contar con procesos de elaboración (¡y valor agregado!) para la papa nacional. De lo que se trata es de abaratar costos de producción.

Los productores de papa fueron felices cuando subió el precio. Por eso todo el 2017 estuvieron aumentando su producción. Cuando el mercado estuvo abastecido en exceso, obviamente bajó el precio de algunas especies de papa.

Las dirigencias y asociaciones de productores reclamaron. No solo reclamaron, sino también extorsionaron. Tomaron las carreteras y exigieron al gobierno que les compre los “excedentes”.

El gobierno “neoliberal” de Kuczynski aceptó el trato. Prometió pagarles para que dejen las carreteras y los demás ciudadanos puedan circular libremente por las carreteras.

Lo hizo en enero y, por supuesto, empezando febrero, nuevas organizaciones y sectores se sumaron a la protesta. Nuevamente, el gobierno accedió a pagar por la liberación de las vías nacionales.

Si el gobierno quiere subsidiar a determinados sectores de la población, es más transparente que sea de manera directa. Es mejor, también, que no sea resultado de algo que se parezca demasiado a una extorsión o un secuestro.

Sin equidad en el respeto a los derechos no puede haber paz, no puede haber progreso, no puede haber bienestar general. Los propios productores de papa requieren de ese progreso general para que puedan seguir vendiendo y produciendo más. Si cambiamos la oferta y la demanda por él toma y daca, habrá menos poder adquisitivo y menos consumo de papa, al final.

Escribe: Federico Salazar – El Comercio

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