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La incapacidad de PPK

“Queda claro que el presidente no tiene idea de lo que plantea esta moción de vacancia”.

“Yo me voy a defender y no renunciaré porque yo no he hecho nada, nada.” Así lo declara el presidente Pedro Pablo Kuczynski en su cuenta de Twitter. Esta declaración bastaría para vacarlo. Demuestra, por sí sola, su incapacidad para tener juicio moral.

La Constitución manda que la Presidencia de la República “vaca por… Su permanente incapacidad moral o física declarada por el Congreso” (Art. 113, inciso 2).

Kuczynski, cuando fue ministro, tomó decisiones de gasto público que beneficiaron a sus clientes. No cobró una coima. Cobraron él y su socio por servicios financieros.

La empresa de Kuczynski, por dar un ejemplo, fue contratada por Odebrecht para asesoría financiera en marzo del 2004. En mayo el Estado Peruano otorgó una buena pro a Odebrecht.

“Era de mi propiedad, pero no sabía nada” es una respuesta inaceptable.

El presidente chileno, Sebastián Piñera, por ejemplo, vendió su participación en una línea aérea antes de asumir el cargo público para su mandato anterior.

Que Kuczynski crea que lo que hizo está bien, que no es malo, revela carencia de juicio moral. Carecer de juicio moral, sin embargo, no es suficiente para vacar a un presidente.

Para vacar a un presidente se requiere que su incapacidad moral sea permanente.

El señor Kuczynski no ha pedido nunca perdón por sus inconductas. Sigue creyendo que no ha hecho “nada”. Su incapacidad de tener juicio moral se ha sostenido en el tiempo, es pertinaz.

Se puede discutir que algo persistente en el tiempo sea algo permanente. De hecho, Kuczynski podría cambiar en algún momento.

La razón fundamental de la vacancia por incapacidad moral permanente podría caerse. Bastaría con que Kuczynski diga: “Me equivoqué, lo que hice fue inescrupuloso y moralmente repudiable”.

De hecho, el inciso 2 del artículo 113 no habla de la comisión de hechos criminales o actos de corrupción. Nada de eso, por sí solo, justifica una declaratoria de incapacidad moral permanente.

La nueva moción de pedido de vacancia del Congreso así lo indica. Se refiere a los argumentos que Kuczynski dio en su defensa ante el primer pedido.

Esos argumentos, según la nueva moción, demostrarían que Kuczynski “no tiene ningún problema en continuar mintiendo, de manera reiterada y permanente, con tal de beneficiarse personalmente y mantenerse en el gobierno” (Fundamentos de hecho, acápite 9 y Fundamentos de derecho, acápite 12).

La mejor defensa de Kuczynski no está en tratar de negar los hechos. Los hechos del pasado no son base suficiente para vacar a ningún presidente.

La mejor defensa sería la de demostrar que su incapacidad de juicio moral cesó: o sea, que no es permanente. Para eso Kuczynski tendría que tener una valentía que hasta ahora no muestra.

Para desinflar el núcleo de la moción de pedido de vacancia, Kuczynski tendría que reconocer que obró mal. Y tendría que hacer un acto de contrición.

El tuit del jefe del Estado, sin embargo, muestra a un funcionario que insiste en la ceguera moral sobre sí mismo. Confirma, más que desvirtúa, el principal argumento de la moción de vacancia.

El mensaje hace evidente la desorientación de PPK. El nuevo pedido de vacancia, dice, lo han planteado “sin una coma más de nueva información”. Como si el argumento para vacarlo fueran los hechos y no su percepción de los hechos.

“Lo que estamos haciendo es poner en ridículo al Perú porque estamos diciendo ‘botamos al presidente que está trabajando’…”, agrega el mandatario.

¿Pretende Kuczynski cambiar el estado de ánimo de la oposición para no “poner al Perú en ridículo”? ¿Qué importa si un presidente está o no trabajando, si debemos juzgar su conducta moral? ¡Nuevamente la ceguera!

Queda claro que el presidente no tiene idea de lo que plantea esta moción de vacancia. No es un proceso jurisdiccional sino una declaración del Congreso, como dice la Constitución. No se necesita ninguna “coma” nueva.

Lo único nuevo que puede resolver el caso es una toma de conciencia moral de Kuczynski sobre los actos inescrupulosos en que incurrió cuando fue ministro. Y el arrepentimiento. Nada más.

Escribe: Federico Salazar / El Comercio

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