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La ciudad y el transporte

El transporte en nuestra ciudad capital, así como en las principales ciudades de nuestro país, viene empeorando cada vez más; nuestra sociedad ahora goza de cierta bonanza económica, se han mejorado los servicios de salud, de educación y de vivienda, pero el caos vehicular va in crescendo.

El problema no radica en los factores económicos o tecnológicos, sino en una cuestión de igualdad o equidad; en los países desarrollados, incluso los pobres usan automóvil e incluso los ricos usan el transporte público, y cómo no mencionar el alto porcentaje en el uso de bicicletas; los gobiernos de estos países son conscientes que si invierten en más carreteras dejan de invertir en hospitales, escuelas y viviendas.

Nuestro Estado ha adoptado el modelo de propiedad privada y economía de mercado como la mejor manera de administrar los recursos de la nación, los opositores al modelo sostienen que éste necesita una desigualdad de ingresos para poder funcionar, algunos deben ganar menos y otros deben ganar más, algunas empresas tienen éxito y otras no; como fuera, seguimos creciendo económicamente -a pesar de todo- y vamos camino al tan ansiado desarrollo.

Quizá pensando en que el interés público prevalece sobre el interés privado, nuestras autoridades han venido implementando nuevas formas de transporte público: el Metro de Lima, el Metropolitano y los Corredores Viales, con vías o carriles exclusivos que no pueden ser usados por otros vehículos; quienes utilizan esos medios de transporte ven desde sus ventanas a largas colas de automóviles (algunos lujosos) que quedan atorados en el tráfico; estos medios, además, permiten llegar a casi todas las áreas en una ciudad, como Lima, de rápido crecimiento.

Las autoridades deberían pensar, también, en el espacio para las personas, sin olvidar que la ciudad es nuestro hábitat y que los humanos somos los peatones; se debe buscar el equilibro entre el espacio para los peatones y espacio para los automóviles, a veces se inauguran obras de infraestructura vial, pero se olvidaron de las aceras o los pasos peatonales; otro tema que no se debe pasar por alto es el espacio en los estacionamientos, algunos todavía en las calles, en una clara evidencia que se priorizaron a los vehículos antes que a los ciudadanos, como si quienes caminan fueran menos importantes que quienes tienen automóvil.

En los próximos años y décadas se construirán más ciudades o seguirán creciendo las existentes, estamos hablando de millones de viviendas; no se pueden ni deben cometer los mismos errores de ayer y de hoy.

Los automóviles, en el mundo, tienen aproximadamente un siglo de presencia, antes de ellos no había muertes por accidentes de tránsito o atropellos; en los últimos tiempos las muertes por vehículos motorizados suman más víctimas que por la insana violencia terrorista, no se muestra respeto por los más desprotegidos (niños y ancianos). La construcción de nuevas ciudades o la expansión de las existentes deberá contemplar espacios y vías para las personas, como vías peatonales y ciclovías, espacios donde los niños puedan salir de sus hogares sin ningún riesgo de muerte o lesiones; por otro lado, se debería destinar más vías o carriles exclusivos para el transporte público, esta solución tendrá muy bajo costo si se implementa desde un inicio.

Pasemos del sueño o de la utopía a la realidad, todas las ciudades del mundo tienen barrios marginales, en estas áreas es complicado implementar un transporte público de calidad, así como ciclovías o vías peatonales, ello representa un gran reto para las autoridades del futuro, deberán preocuparse por la adquisición y habilitación urbana de áreas en lugares adecuados, donde se pueda desarrollar lo expuesto ut supra. Tomemos conciencia de que las ciudades que se construirán en las próximas décadas determinarán el estilo de vida digno y, por qué no, la felicidad de millones de personas hacia el futuro; esto constituye una magnífica oportunidad para l os líderes, en especial los líderes jóvenes, quienes podrán asegurar una vida mucho más feliz y en paz para la sociedad del futuro.

Escribe: Willy Ramírez Chávarry – Expreso

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