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Hoy en día, se gana en la calle

La conducta social humana, sabido es que otorga identidad a una población, inclusive, cuando la conducta cambia obedeciendo costumbres generacionales afirmadas y repetitivas. Va tomando ese carácter en base a la naturaleza de la costumbre. Cánones de la psicología resaltan e invocan principalmente aquellas conductas que llamamos culturales. Las costumbres de un pueblo son conductas arraigadas en la población por la constancia con que se repiten. Así, mientras esa conducta sea placentera, la repetiremos mayor cantidad de veces y con ello, incrementamos la fuerza de la costumbre.

Sin embargo, sabemos que la conducta también cae y que, mientras más alta sea su tasa (frecuencia en el tiempo), más estrepitosa es su caída, teniendo un ejemplo claro en el dicho popular “Todo lo que sube cae”, invito a efectuar un correlato con nuestros usos y costumbres populares y observemos que hace 60 años, los jóvenes criollos limeños todavía tenían como distracción, armar sus jaranas criollas y festejos a punta de guitarra, cucharas y cajón -hoy casi extinguidas-; 40 años atrás, la juventud solía ingresar al cine y pasear por la ciudad, pero hace 20 años, los jóvenes preferían concurrir a fiestas de rock, salsa, chicha o cumbia, etc., de acuerdo a sus propios gustos, incluso por identificación ancestral y estrato –diversidad cultural en los ritmos de moda-.

Actualmente, la costumbre política nos lleva a conductas poco apropiadas, pero “distractivas”, quiero decir que no muestran lo que parece, en otras palabras, esconde intenciones aversivas sin ser un estímulo aversivo. En la práctica, parecen acciones adecuadas de sano reclamo, escondiendo consecuencias calamitosas.

En efecto, la conducta social natural en los jóvenes, sube en frecuencia hasta su punto más alto y luego llega la caída, interpretada como cambio de modas, intereses y obligaciones, por lo que, la siguiente generación asume otras conductas que cada día incrementarán su tasa, hasta que llegue el momento de su extinción por efecto del natural cambio generacional.

La historia de la humanidad repite esta fórmula en cada población de generación en generación, sin provocar sobresaltos. Sin embargo, en nuestra cultura peruana actual, -probablemente también en todo el continente- pareciera que usos y costumbres ahora manipuladas, van cambiando radicalmente el escenario, trasladando cambios y cortes generacionales a otro impensado escenario como el político.

Hoy vemos con estupor, jóvenes supuestamente “impulsados por la política”, en marchas de rebeldía azuzados por medios de comunicación y uno que otro profesional de la revuelta. Comprobamos que piquichones “políticos”, con diversas técnicas, estrategias, dichos, chismes y mentiras como “en respeto irrestricto”, desde diferentes espacios, pero con un solo norte, instigan a las masas, a reclamar por “quítame estas pajas”, o por el chupetín que desean ahora, invitando al comportamiento irracional de maltratar personas que encuentran a su paso anteponiendo como verdad: Con derecho a expresarse en las calles-, sabiendo bien que el derecho invocado no existe -“fáctico” y discrecional- y luego el bombardeo a la razón con la presencia de expertos especialistas en confundir televidentes mediante interpretaciones antojadizas que saltan de un medio de comunicación, a otro hermanado por algún presupuesto del Estado.

Valgan verdades, ya vimos bastante, ya saturaron el tema que endilgan al televidente que paga su dinero –reza el dicho; el que paga por ver, manda-, por tanto, desde esta modesta tribuna, hago hincapié –no cuestión de confianza-, para tratar mejor a su teleaudiencia y modificar su programación televisiva, porque la sinrazón que hacen uso, forma parte del terrorismo sin armas, pero con palabras.

César Augusto Neira Magán – Magister en Psicología UNMSM / Past Decano del Colegio de Psicólogos del Perú (2006 – 2008) (2010 – 2012).

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