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Gabinete de bajo perfil, sin experiencia política

El Presidente de la República, Martín Vizcarra, acaba de tomar juramento a un gabinete ministerial que nace con perfil bajo y con titulares de muy escasa experiencia política.

El currículum de cada uno de los 17 Ministros ha sido descrito como básicamente técnico, en momentos que el país aún no sale de una profunda crisis política y moral, que acabó prematuramente con el régimen de Pedro Pablo Kuczynski.

Salvo el congresista César Villanueva, nuevo presidente del Consejo de Ministros, sus pares no exhiben lo que exige la grave coyuntura política: dominio de escenarios políticos para respuestas políticas eficaces.

El Presidente Vizcarra no ignora la enorme responsabilidad que asume su gobierno con una fuerte presión social, pérdida de confianza en la clase política, nula credibilidad en los gobernantes, y el creciente temor a un descalabro mayor del Estado frente a la Sociedad.

Ensamblar a un gabinete ministerial no es asunto sencillo; por el contrario, se observan nebulosas en una estructura política quebrada por la corrupción, la ineptitud y el desaliento de quienes creyeron que el gobierno de “lujo” de Kuczynski, sacaría al país del lodazal.

Las primeras declaraciones de Vizcarra parecen apuntar a una actuación política de buena fe, pero la realidad del Perú ya hizo sonar alarmas preocupantes.

Cuál será la agenda mínima del gobierno y cuáles son sus prioridades, son algunas de las interrogantes que Vizcarra tendrá que exponer cuando solicite al Congreso la necesaria confianza para el gabinete Villanueva.

Será capaz Villanueva, que viene prestado en un acuerdo tácito entre Alianza para el Progreso de César Acuña y Vizcarra, de responder a “montones” de demandas sociales insatisfechas.

Los peruanos veremos las nada disimuladas zancadillas entre los congresistas de Peruanos Por el Cambio, y los de la línea que aún dirige Mercedes Aráoz.

Porque es obvio que las disputas por el control del poder fueron más que evidentes en la antesala de la “muerte” política de Kuczynski por sus supuestos actos de corrupción e incapacidad moral permanente.

La “olla de presión” aún no se destapa y no son ajenos al bombeo de combustible los ahora desplazados por Vizcarra y los “heridos” del gabinete Aráoz.

A todo ese escenario se agrega con señales de intriga política los pleitos en los que están sumergidos los dos aspirantes a darle forma a una eventual dinastía fujimorista: Keiko y Kenji.

Lo cierto es que el Fujimorismo ha sufrido varias heridas, no se sabe aún si de muerte, pero sus latidos empiezan a extinguirse.

Cuál será ese reacomodo de fuerzas en el Congreso, una vez que prosperen las denuncias de los disidentes con Kenji a la cabeza, pero con el rabo entre las piernas.

Será un juego político o se iniciará una lucha intestina con muertos y heridos, mientras los corruptos aplauden desde la platea con la esperanza del “borrón y cuenta nueva”.

Mientras nos colocamos como observadores, los ciudadanos se preguntan cuál será la agenda mínima.

Reactivación económica, reconstrucción en el norte, implementación de proyectos millonarios, lucha contra la corrupción, seguridad ciudadana.

Mientras tanto crece el desconcierto, el desempleo, aumenta la informalidad, y vaya usted a saber sino saldrán a la luz más graves casos de corrupción.

Con una ausencia total de liderazgos, con improvisación y desorden fiscal, con una baja recaudación tributaria, crecimiento magro del PBI así como calles que socialmente se calientan para las próximas elecciones regionales y municipales, el PERÚ estará caminando “al filo de la navaja”.

Escribe: Alberto Ku King M. – Periodista

 

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