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El cash salva la patria

“Tenemos que condenar, con toda energía, las reuniones de Dionisio Romero con una candidata a la presidencia”.

Dionisio Romero Paoletti, presidente de la corporación, dirige una carta a su “Estimado equipo”. Luego de reflexionar muchos años, concluye que hacer esos aportes a Fuerza 2011, de Keiko Fujimori, “fue la decisión responsable ante una amenaza como la que representaba el chavismo para los peruanos y la economía del Perú”.

Cuando salió elegido Ollanta Humala, las acciones de Credicorp cayeron 19%. Eso representaba una pérdida bursátil de US$1.500 millones.

Romero Paoletti recuerda: “Teníamos una responsabilidad con el país, así como con los accionistas, las decenas de miles de colaboradores de la compañía que represento y con los clientes, ahorristas, pensionistas y proveedores…”.

Yo creo que su decisión fue, más bien, irresponsable. No respetó los límites de contribución a una campaña electoral. Si bien no recibirá sanción por eso, saltó la valla de la legislación electoral. La sanción únicamente la recibirá la organización política.

“Responsabilidad” viene de “responder”. Cuando otro responde por los actos que tú realizas, evades la responsabilidad. Se la pasas a otro.

¿Respondió Romero Paoletti a un mandato de sus accionistas, clientes, pensionistas, etc.? No. Hizo algo que solo él creyó que debía hacer. No respondió ante nadie.

Por otro lado, si realmente creía que venía una amenaza chavista, ¿por qué su corporación no hizo algo los años previos para evitar tal amenaza? ¿O estas amenazas solo se conjuran pagando a candidatos?

¿Qué formación tienen nuestros empresarios que creen que cambiando gobiernos se cambian tendencias? Y si no tienen la formación adecuada, ¿a qué sentido común apelan?

El aporte se hizo en efectivo. Dionisio Romero llevaba maletines para entregar a Keiko Fujimori o a Jaime Yoshiyama, o a los dos.

Me imagino al presidente del directorio de esta gran corporación yendo en el automóvil con un maletín con quinientos o seiscientos mil dólares, cada vez. ¿En qué pensaría? ¿En cómo se hacen negocios? ¿En cómo el cash defiende la patria?

Dionisio Romero quería que lo recibieran personalmente. Por eso contacta a su amigo Martín Pérez. Pidió que las entregas se hicieran en su casa.

Si la idea era salvar a la patria del chavismo, ¿por qué la entrega tenía que ser personal? En otras palabras, ¿por qué Dionisio Romero Paoletti deseaba que le vieran la cara?

No sé si los estatutos de Credicorp habilitan al presidente del directorio a disponer de US$3,650 millones para inclinar la balanza electoral. Lo que sí sé es que la operación no fue transparente.

Romero prefirió dar la cara a la candidata en vez de dar la cara a las autoridades electorales. No solo no fue transparente: la operación tiene visos de clandestinidad (maletines, intermediario, cash).

Se ha dicho que el aporte hizo que la mayoría fujimorista en el Congreso promoviera legislación en favor de las empresas de Romero. Tendrá que investigarse, y a fondo.

Bastaba que pudiera haber compra de legislación para saber que esa puerta llevaba a la trampa.

El mundo pasó a la modernidad cuando se separó a la Iglesia del Estado. Por razones similares, ningún país podrá desarrollar si no se separa a la Empresa del Estado.

No puede haber un mercado libre si una empresa puede acceder al poder por una puerta de US$3,650 millones.

Cada uno es dueño de sus ideas y de sus miedos, por supuesto. Para que todos seamos libres, sin embargo, no debe haber cartas escondidas.

Cuando escondemos las ideas en maletines es evidente que no creemos en la transparencia, en la responsabilidad y en la honestidad. Cuando buscamos verle la cara al poder lo más probable es que buscamos ventaja y favoritismo. Eso no tiene nada que ver con el mercado, la libre competencia o eso que llaman “la defensa del modelo”.

Tenemos que condenar, con toda energía, las reuniones de Dionisio Romero con una candidata a la presidencia. Más aún, si entre los dos, la distancia se acortaba con millones de dólares al medio.

Escribe: Federico Salazar – periodista / El Comercio

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