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Beatriz Suárez, la madre de todas las reporteras gráficas del Perú

Fue la primera en incursionar en este oficio destinado en su época solo para varones

“¿Acaso no tienes que cuidar a tus hijos?”, escuchó mientras caminaba por el antiguo pasillo de un diario que ahora ya no existe. Beatriz volteó para ver quién le había lanzado semejante disparate y vio a un grupo de hombres, sin poder distinguir entre ellos a su agresor. Siguió su rumbo y escuchó otra frase como un susurro: “Seguro viene a tomar fotos carné”.

Beatriz Suárez, “chalaca de nacimiento y de corazón”, supo en ese instante que ser la primera mujer reportera gráfica del Perú implicaría más que un reto profesional. Entonces hizo visible la fortaleza que la caracterizaba para poder afrontar el machismo y el desdén de sus colegas.

“Mis colegas no me miraban bien. Me parecían graciosas sus frases misóginas, pero luego me aceptaron, por suerte, como una colega más”, nos cuenta tratando de controlar los temblores de su mano, debido a una enfermedad hereditaria.

Antes, cuando la tecnología no tenía la magia de hoy, las cosas eran más difíciles: “La cámara que usaba era una Rolleiflex de formato 6×6, inmensa, preciosa… Solo tenía 12 tomas por rollo, cada foto era pensada, buscabas la precisión, ahora es más fácil, la tecnología hace que aprietes el obturador y salen 20 fotos continuas y de ellas escoges una”, reflexiona.

Los años de Velasco

Empezó a trabajar en 1973, cuando la noticia era la amputación de la pierna derecha del presidente de facto de entonces, Juan Velasco Alvarado, quien cuatro años antes había promulgado la Reforma Agraria. En Lima se respiraba tensión. Eran los años del poder militar y el día a día, las imágenes para la historia, eran captados por el lente de Beatriz.

Con cuatro hijos y una inmensa cantidad de recuerdos, Beatriz reflexiona sobre el porqué de su incursión en la fotografía: “Mi esposo, quien ya trabajaba como periodista, me dijo un día ‘no te imaginas lo que es ver cómo una imagen aparece mágicamente en el líquido revelador’, esa frase, para mí, fue determinante. Por eso estudié laboratorio”, recuerda.

“Ha nacido una reportera gráfica…”

Luego, con algo de experiencia con la luz de la ampliadora y los químicos para el revelado, se atreve a sostener una cámara fotográfica. Por esos días, cuando pudo tener una cámara en su poder, presenció un accidente. Ella se encontraba sola frente a la noticia.

Presa de la emoción, por saberse la única en el suceso, vende las fotografías en calidad de primicia para un diario local. Admite que con el dinero que le pagaron solo podía comprar un chocolate, pero la satisfacción profesional fue tanta que no se podía monetizar (hay cosas que el dinero no puede comprar).

Y las primeras letras del periodista que escribió la crónica policial fueron: “Ha nacido una reportera gráfica”. La noticia no fue el accidente. La noticia fueron las fotos en calidad de primicia. “Y es así es como empecé en el mundo del periodismo”, nos cuenta una emocionada Beatriz, quien también menciona el diario donde trabajó: La Prensa, la famosa y mítica “escuelita” del periodismo.

El arte de mirar

Mientras nos enseña sus hermosos cuadros, con fotografías llenas de sensibilidad, crudeza y bellos retratos, Beatriz se atreve a darles un consejo a los nuevos fotógrafos que desean incursionar en el periodismo. “Les diría a los nuevos fotógrafos que aprendan a ver: desde una niña sentada en el suelo, hasta la mirada de una persona caminando por la calle. Cuando uno aprende a ver, recién podemos capturar una imagen con una cámara fotográfica”.

Fotografía

Es increíble cómo en un recuadro tan pequeño se puede capturar parte de la belleza de la vida: desde las cicatrices de la pared de una vieja quinta hasta la mirada inofensiva y sin un gramo de malicia de una niña.

El retiro

Pero lo que resulta más aleccionador, lo que es un verdadero ejemplo de cómo tomar la vida, es que luego de tanta lucha, luego de tanta pelea, pueda abandonar un mundo que le costó construir: “El retiro para un fotógrafo se da solamente cuando encuentras algo más bello que la fotografía”.

Ella encontró, en su carrera profesional, la Historia, un lugar de belleza suprema que opacó a la fotografía y en el que, por ahora, ocupa la mayor parte de su tiempo.

Solo nos queda agradecer a Beatriz por abrirles la puerta a muchas colegas fotógrafas, que ahora brillan con luz propia con sus hermosas fotografías. Sin embargo, cada una de ellas sabe que ser buena en su labor depende únicamente de su propio esfuerzo. Pero ser la primera es solo para Beatriz.

Fuente: Andina / Luis Iparraguirre – PeruNews.Com

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