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Armas y drogas

Lima, capital de nuestro país, al igual que las grandes ciudades de América Latina se ha convertido en la zona caliente de la violencia delincuencial; a diario observamos o recibimos la noticia de homicidios, la tasa de este delito ha ido in crescendo, la mayoría de las víctimas son jóvenes y mueren abatidos por armas de fuego.

Si a este problema le añadimos el consumo de drogas y la débil lucha contra ese flagelo, la situación se complica aún más. El Perú entero se desangra por el problema de armas y drogas, un consuelo tonto sería decir que los demás países latinoamericanos atraviesan el mismo problema. Pero ¿qué hacer frente a este grave problema? Desde hace un tiempo se viene trabajando en la reducción del uso de las armas de fuego sin autorización, se volvió más rígido el control de la tenencia ilegal, se implementaron programas de recompensas y bonos, se han recogido y destruido gran cantidad de armas y municiones.

Por otro lado, ¿qué debemos hacer frente el problema de las drogas? Las medidas que vienen adoptando los sucesivos gobiernos no está funcionando, se hace necesario innovar involucrando a la sociedad en el tema, poniendo en un sitial preponderante la salud y la seguridad de las personas. Quizás es momento de pensar, también, a quién y cómo beneficia el mercado de armas y drogas; la respuesta cae sola: a las bandas criminales y a los cárteles.

¿Se podrá hacer frente al poder y el beneficio de estos grupos de personas? En primer lugar, no debemos minimizar o subestimar el problema, menos al oponente; un gran porcentaje de nuestra población está a favor del uso de armas de fuego para hacer frente a la delincuencia, amén del fundado temor de la gente. En el plano de los derechos y libertades fundamentales, debemos poner sobre la balanza: el derecho a la vida y el derecho a portar un arma que quita la vida, estoy seguro de que primará el derecho a la vida.

La guerra contra las drogas no es imposible, pero debemos desplegar nuevas estrategias, dejando de lado cualquier color o tinte político, haciendo un balance de las estrategias antidrogas aplicadas hasta la actualidad, capitalizando hasta el propio fracaso. No podemos negar que cada vez las drogas son más baratas y están más disponibles, se ha incrementado el consumo de sustancias, existen estudios al respecto que podrían servirnos con los datos obtenidos para poder proponer nuevas alternativas de solución, producto del consenso con participación de la sociedad.

Hace pocos días un menor de edad perdió la vida y otro resultó herido por el disparo de un arma de fuego dentro de un colegio; la reacción no se ha hecho esperar, la sociedad peruana entera está preocupada por el uso de las armas de fuego y su control por parte de las autoridades.

No debemos dejar pasar la oportunidad de debatir el tema, escuchemos las posiciones de todos los sectores y colectivos sociales: víctimas, familiares, líderes de opinión, activistas de derechos humanos, profesionales, académicos, etc.; cada uno tendrá su punto de vista y su posición y todos son válidos, parecerá que no hay convergencia, justamente de eso se trata. El resultado final será el haber tomado conciencia plena de los graves problemas que estamos llamados a resolver nosotros mismos, como sociedad organizada.

¡Es momento de actuar!

Escribe: Willy Ramírez Chávarry – Ph.D. in Business Administration, Doctor en Derecho

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