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Alma para alentarte y corazón para quererte

La hinchada en el extranjero nunca perdió la fe y llegó al Olímpico Atahualpa en la ciudad de Quito para ver el triunfo de la selección.

Eran las 2 de la tarde y una considerable cantidad de compatriotas ya se movilizaba a través de la capital ecuatoriana para ingresar al estadio y ubicar sus lugares a lo largo del recinto, apoderándose de la tribuna norte en donde era imposible no mirar otra cosa que no sean los distintivos colores de la bicolor.

Algunos provenían de Cajamarca, Huánuco, Ica, Lima, entre otras partes del Perú. En la muchedumbre había rostros que se reconocían entre sí. Y es que los sentimientos de cercanía y hermandad que evocan estas Eliminatorias estaban presentes desde el banderolazo que hubo la noche anterior en los exteriores del hotel Sheraton de Quito, en donde una multitud ofreció un acalorado recibimiento con aires de triunfo a la selección.

Minutos después de las 4 de la tarde, Cáceres da inicio al partido. Mientras tanto, desde la tribuna peruana quedaba demostrado que los 2800 metros de altura no se distinguen cuando se trata de alentar, saltar y gritar para apoyar a tu país. En este ambiente lleno de ansiedad, se tuvo que esperar hasta el minuto 75 para que las gargantas de la hinchada revienten con el primer gol de Edison Flores. El popular “orejas” en medio de la celebración fue alcanzado por André Carrillo y tras darse un abrazo sus camisetas formaron un número de buen augurio, 2018. Cabalístico y esperanzador. Bastaron apenas tres minutos para que Paolo Hurtado pueda anotar el tanto del triunfo y se desate el loquerío entre los hinchas, que ni siquiera Enner Valencia y el penal con sabor a gol de honor pudieron calmar.

El árbitro hizo sonar el pitazo final y el sentimiento de todo un país se veía reflejado en los rostros con lágrimas, los cánticos al unísono y el vibrar general de una tribuna esperanzada por el juego de un equipo que es capaz de romper maldiciones. Su equipo. Un país que siente, que llora, que vive y se ilusiona. Un país que acaricia el mismo sueño que ha mantenido durante los últimos 36 años, pero hoy lo percibe más cercano que nunca.

Escribe: Verónica Escobedo – reportera gráfiica

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