Más o menos nomás
Dada la situación de desborde social, esperaba un discurso con algunos exabruptos demagógicos para la platea marxista. Sorprendentemente, Humala se ha reafirmado en la Hoja de Ruta y en el modelo económico basado en la economía de mercado que tantos éxitos nos ha dado como país. Esto quiere decir que por fin ha incorporado a su “disco duro” que la ley fundamental de la economía es la de la oferta y la demanda, y que el motor tanto de la economía como de la sociedad son las inversiones.
Lo que estuvo mal, aunque es de menor cuantía frente a lo anterior, fue su promesa de fortalecer a las empresas públicas que aún quedan. Si algo está demostrado hasta saciedad, es que el Estado es un pésimo empresario y que allí donde mete sus manos todo lo degrada, envilece y corrompe.
Afortunadamente, sólo se trata de una promesa y dudo mucho que la crisis internacional que ya comenzó a afectarnos se lo permita. Empero, no olvidemos que toda conversión es dolorosa, sobre todo cuando se ha crecido en un hogar ideológicamente apocalíptico. En estos casos, no es sencillo librarse de los sueños de opio… pero lo está intentando.
Tampoco me agradó su anuncio de ciento cuarenta millones de soles en reparaciones para las víctimas de la violencia. Hubiese sido bueno precisar qué bolsillos va a engordar con nuestra plata. Yo espero que estas compensaciones vayan a los deudos de la familia militar y policial. ¡Ningún comunista hijo de puta merece recibir un sol de la sociedad peruana!
Por último, debo criticar que no haya tocado con seriedad los grandes problemas que afectan al país y que tienen que ver con la seguridad ciudadana, salud y educación.
Reconozco que hay pequeños avances en materia de inclusión social y una interesante lista de medianos y grandes proyectos; pero nada se podrá concretar si el gobierno no gana la batalla del orden público. ¿Sabrá el Presidente cuántos presos hay por vandalismo desde que comenzó su gobierno? ¡La respuesta es cero! ¡Nadie! ¡Ninguno! El Estado pues, que debería inspirar un sano temor, se ha convertido en un Estado de peluche. Más vale que comencemos a asimilar que estamos ante el presidente del quinquenio perdido.
Escribe: José Barba Caballero – Diario Correo






