El mensaje
Ya a estas alturas todos tenemos claro que se trató de un mensaje presidencial regularón, para no ser muy duros en la crítica; con vacíos importantes especialmente en los temas que preocupan más a la población, como la elevada conflictividad social detrás de los proyectos de inversión y la actividad creciente de la delincuencia común, que mantiene en zozobra a nuestras ciudades, que ven con impotencia cómo ni la Policía ni los cuerpos de serenazgo municipal pueden controlar el problema.
Pese a ello, voy a tratar de darle una mirada positiva al discurso del Presidente, para intentar sintonizar con ese tercio del país que apoya su gestión (en el cual, por supuesto, no me encuentro).
En primer lugar, me parecieron interesantes las ideas en materia de salud, destinadas a prevenir y combatir el cáncer, favoreciendo primordialmente a niños y ancianos. De igual manera, espero que el anuncio para combatir el friaje mediante la construcción de viviendas, cobertizos y la distribución de semillas, sea realidad, y de manera rápida, porque todavía resulta aberrante que cada año tengamos que presenciar la muerte de infantes por la inclemencia del clima y la indolencia de los responsables.
El compromiso de evitar que condenados por terrorismo y pedofilia puedan volver al servicio público resulta elemental, sobre todo en un partido de gobierno en donde ello no estaba claro para sus principales dirigentes.
Finalmente, el entusiasmo demostrado en las cifras económicas y los futuros proyectos de irrigación, electrificación y gas, así como las carreteras y las comunicaciones, resulta vital para generar tranquilidad con respecto a la orientación del gobierno en los próximos cuatro años.
Esto último es lo que más rescato del mensaje, el compromiso renovado de seguir lo esencial de un manejo del Estado que nos ha venido dando resultados económicos y sociales en los últimos tiempos.
Si pese a trasnochadas ideas que aún subsisten (como incrementar la actividad empresarial del Estado o modificar la Carrera Magisterial de manera imprecisa), Humala pretende llegar a metas objetivas de desarrollo, como reducir la pobreza al 15% (para lo cual necesita recursos), su principal compromiso debe ser no dejarse seducir por los cantos de sirena de sus camaradas radicales que pretendieron hacer una “revolución social” al estilo chavista, socavando el Estado de Derecho y la economía social de mercado, que incentiva la participación privada por invitación o iniciativa. El éxito está en la continuidad, ajustando únicamente lo necesario.
Escribe: Aurelio Pastor – Diario Correo


